Acabo de leer la noticia en el diario Público, Mato rebaja la violencia machista a 'violencia en el entorno familiar', me han saltado todas las alarmas y todos los temores se han hecho un poco más reales.
La recién estrenada ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato, con esta declaración ¿está evidenciando el nuevo camino que puede encauzar el nuevo Gobierno conservador en la lucha contra la violencia a las mujeres?
Ahora ya no vamos a hablar de “violencia machista”, quizá ya no es políticamente correcto y es más conveniente obviar los principios rectores y la filosofía con la que nació la Ley ORGÁNICA 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género; o podemos descartar la terminología que también dio en 1993 Naciones Unidas en la "Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer"; también pasar por alto, ¿por qué no?, el consenso de todos los grupos parlamentarios y todas las organizaciones de mujeres respecto a dicha terminología.
La Ley 1/2004 nace con el objeto de actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones desiguales de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus similares de afectividad, aun sin convivencia. En el contenido de esta ley se deja muy claro que no es una cuestión del entorno familiar, sino una lacra con la que hay que acabar, consecuencia histórica de la desigual consideración y trato entre hombres y mujeres que tiene su peor exponente en la demostración de la superioridad masculina sobre la femenina de forma violenta.
En estas cuestiones que atentan directamente sobre la sensibilidad social, resulta imprescindible llamar a las cosas por su nombre y no debilitar la carga de las palabras. No estamos hablando de una violencia que se ejerza siempre “dentro de las casas”, sino que hay muchos asesinatos que se producen fuera de este ámbito y tienen que ver con una desigualdad, desafortunadamente, arraigada en nuestra sociedad y que supone la base de este tipo de violencia; desde luego, no cabe llamarlo “violencia en el entorno familiar”.
Ojalá sólo haya sido un error, que desde luego la ha hecho estrenarse como ministra por la puerta grande, y no tengamos que ver cómo se desvirtúa y se degrada una cuestión tan importante como es LA VIOLENCIA MACHISTA.

