sábado, 3 de diciembre de 2011

Fragmentos de la Apología de las mujeres (1798) de Inés Joyes y Blake

Pues si con solas aquellas luces naturales tales cuales Dios se las dio se les admite en cualquier conversación, quisiera saber qué ley hay, en qué tiempo se promulgó o por quién para que las mujeres estén siempre reducidas a tratar de sus modas, cintas, flores, etc. ¿Por qué ha de ser su única conversación el cortejo, la murmuración, las reyertas de su casa, y el mostrar su erudición en punto de cocina, vanagloriarse de su gobierno doméstico, celebrar las gracias de sus hijos, y las más finas tratar del baile, juego, paseo, comedia, etc.?. Hay en una sala seis u ocho señores y otras tantas señoras, y si se suscita alguna conversación racional habrá tal vez alguna que guste de ella, pero las más o empiezan a bostezar, o suscitan entre sí alguno de los asuntos caseros o frívolos que he apuntado, y no dejan de mirar con algún ceño a la que se arrimó a los señores, porque como están en posesión de ser ignorantes les hace sombra la que no lo es.
Los hombres en general las quieren ignorantes porque sólo así mantienen la superioridad que se figuran tener.

Yo quisiera desde lo alto de algún monte donde fuera posible que me oyesen todas darles un consejo. Oíd, mujeres, les diría, no os apoquéis: vuestras almas son iguales a las del sexo que os quiere tiranizar; usad de las luces que el creador os dio. A vosotras, si queréis, se podrá deber la reforma de las costumbres, que sin vosotras nunca llegará. Respetaos a vosotras mismas y os respetarán; amaos unas a otras; conoced que vuestro verdadero mérito no consiste sólo en una cara bonita, ni en gracias exteriores siempre poco durables, y que los hombres luego, que ven que os desvanecéis con sus alabanzas, os tienen ya por suyas. Manifestadles que sois amantes de vuestro sexo, que podéis pasar las horas unas con otras en varias ocupaciones y conversaciones sin echarlos menos, y entonces huirán de vosotras los pisaverdes y los hombres frívolos: ninguno de estos buscará vuestro trato porque perderá la esperanza de engañaros con fingidas adoraciones. Pero los sensatos, los de crianza verdaderamente buena, se hallarán bien en vuestra compañía; os respetarán, os estimarán. Tendréis la gloria de reformar las costumbres haciendo amable la virtud; irá decayendo el lujo: vuestro ejemplo habrá moderado a los hombres, vuestros maridos os amarán y apreciarán, vuestros hijos os venerarán, vuestros hermanos se tendrán por dichosos con vuestro trato; viviréis felices cuanto cabe en el mundo, y moriréis con la gloria de dejar una posteridad virtuosa.
Inés Joyes nunca perdió la vinculación con la lengua y la cultura de origen de su familia. Por ello, en 1798 tradujo del inglés la novela filosófica de Samuel Johnson: "El Príncipe de Abisinia". Como apéndice incluyó uno de los más importantes textos críticos sobre la condición de las mujeres de su época, "Apología de las Mujeres", dedicándolo a sus hijas. En ella se nos muestra como una mujer ilustrada, culta y conocedora de las nuevas ideas de la Ilustración, con un amplio bagaje de lecturas y una preocupación por la educación de la mujer y el papel que debía desempeñar en la sociedad.

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