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lunes, 11 de noviembre de 2013

Estrategia en Clave de Igualdad

En época de recortes, es lógico que las empresas se replanteen todas las acciones y procesos que llevan a cabo, optando por recortar todas aquellas iniciativas cuyos beneficios no repercutan de forma directa en la cuenta de resultados. Las inversiones y, desde luego, la contratación de personal, sufrieron un brusco parón instaurándose políticas de conseguir más con menos.
En esta carrera de las organizaciones por optimizar  y priorizar aquellos procesos que aportan un mayor valor a la empresa pueden correr el riesgo de olvidar aquellas iniciativas que aportan un valor intangible a la organización o bien su retorno es a largo plazo o difícilmente cuantificable. Entre las acciones que corren el riesgo de quedar relegadas a la espera de tiempos mejores encontraríamos algo hasta hace poco tan en auge como la Responsabilidad Social Empresarial.
En una época como la actual en la que prima la optimización de los recursos resulta fundamental reflexionar acerca del valor que tiene para la empresa la puesta en marcha de iniciativas socialmente responsables. En general, las políticas de Responsabilidad Social Empresarial se han asociado a grandes empresas y multinacionales; sin embargo, su difusión y práctica entre las Pymes es fundamental, ya que es el tejido empresarial más numeroso en España y, por tanto, el que más contribuye a la creación de puestos de trabajo. Es en este tipo de empresas donde resulta más acertada la frase “piensa globalmente, actúa localmente” (think global, act local).
Un ejemplo de cómo pueden las pymes desarrollar iniciativas socialmente responsables lo encontramos en el desarrollo de políticas de igualdad. Estas políticas, lejos de centrarse exclusivamente en la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, pueden abarcar un amplio abanico de elementos estratégicos para la promoción y el desarrollo empresarial.  Los programas de conciliación o la implementación de medidas concretas de desarrollo, como la flexibilidad laboral, la promoción en el trabajo, el desarrollo de la carrera profesional, el teletrabajo o la creación de un protocolo de conflicto, son sólo algunos ejemplos de las acciones que se pueden incluir dentro de un plan de igualdad.
Tomar dichas medidas, contribuye a la reducción de la problemática a la que se enfrentan las Pymes en referencia a los RRHH –absentismo, desmotivación o falta de compromiso-, y supone estrategias que pueden reportar resultados muy positivos. La creación de un Plan de Igualdad nos puede ayudar a la consecución de objetivos que benefician a toda la organización, mejorando el ambiente de trabajo y de las relaciones laborales, optimizando la calidad y las habilidades del personal.
La implantación técnica de un Plan de Igualdad, al igual que cualquier plan empresarial, es un proceso gradual, compuesto por varias fases o etapas que no exigen una sucesión estricta y lineal de ellas. Estas fases son:
1. Compromiso firme de la empresa, en la que se hace necesario el compromiso público de la dirección de la empresa.
2. Diagnóstico de la situación actual, que consiste en la identificación de los ámbitos prioritarios de actuación.
3. Definición de objetivos y medidas, se deben planificar todos los objetivos a alcanzar, las actuaciones planificadas, la asignación de los recursos humanos y materiales; y todo se debe reflejar en un calendario de acciones.
4. Implantación de las medidas previstas, es la fase de aplicación del plan de igualdad.
5. Evaluación del Plan a través de los resultados, debe haber un análisis de los resultados obtenidos tanto cuantitativos, como cualitativos y debe existir una mejora continua del propio Plan.
Es importante tener en cuenta que cada Pyme deberá aplicar estas etapas teniendo en cuenta sus circunstancias y características concretas, para que respondan de una manera óptima al objetivo que persigue la implantación del Plan en la empresa. De esta forma, un Plan de Igualdad puede afectar a distintas áreas de trabajo, que deberemos establecer en la fase tres –definición de objetivos y medidas- dependiendo de los ámbitos prioritarios de actuación que hayamos establecido previamente en la fase dos.
Estas áreas de actuación pueden incidir en lo que respecta a: 1) El acceso al empleo, en la que se puede establecer que en los procesos de selección se utilizarán pruebas objetivas, tipo test u otros. 2) Promoción y formación, en esta área podríamos analizar periódicamente la información relativa al nivel de estudios y formación complementaria de la plantilla, para así conocer su potencialidad de cara a la promoción a puestos técnicos superiores y de mayor responsabilidad del sexo más subrepresentado en aquellos. 4) Ordenación del tiempo de trabajo, conciliación y corresponsabilidad, este punto es muy amplio y puede materializarse en medidas tales como, flexibilizar el horario de forma que se disponga de hasta 1 hora arriba o abajo entre la entrada y salida del trabajo; la adopción de acciones positivas destinadas a fomentar el uso de permisos dirigidos a la conciliación por los padres; o la elaboración de una herramienta que ofrezca datos sobre el disfrute de los diferentes permisos por motivos familiares contemplados en este Plan, desagregados por sexo. 5) Prevención del acoso sexual y del acoso por razón de sexo, contar con un Protocolo de Prevención y Tratamiento de Situaciones de Acoso Moral y Sexual. 6) Comunicación, difusión del Plan de Igualdad a toda la plantilla, revisar los documentos de comunicación habituales -manual de acogida,  manual de formación, revistas, cartelización, etc.-   7) Seguridad y salud, seguimiento y análisis de la siniestralidad y enfermedad profesional por sexo, incidiendo en las funciones feminizadas/masculinizadas de la empresa.
Tal es su importancia, que en el RD 1542/2011 que hace referencia a la estrategia española de empleo 2012-2014, se vuelve a insistir en la importancia de los mecanismos de igualdad para alcanzar situaciones, en las empresas, de mayor productividad…
En definitiva, apostar por la igualdad en nuestras empresas es apostar por la calidad en nuestra manera de gestionar personas.

domingo, 14 de abril de 2013

ACABAR CON EL TECHO DE CRISTAL


Este artículo nace de dos fuentes principales, la noticia que el pasado 5 de abril leía en elEconomista.es Las mujeres son más aptas para ser líderes empresariales porque toman decisiones más justas” y el estudio Rompiendo el techo de cristal: los beneficios de la diversidad de género enlos equipos de dirección, realizado por un equipo de investigación de la Universidad de Valencia.

Existe en las organizaciones lo que ha sido denominado por las Ciencias Sociales el ‘techo de
cristal’ (Segerman-Peck, 1991; Powell, 1991; Davidson y Cooper, 1992), un muro invisible pero infranqueable de procedimientos, estructuras, relaciones de poder, creencias… que dificulta el acceso de las mujeres a puestos de decisión y el despliegue de sus potencialidades. Las últimas investigaciones (Sarrió, 2002) destacan como los principales factores que mantienen el “techo de cristal” los relativos a aspectos externos e interactivos como la cultura organizacional y las cargas familiares.



La economía se encuentra en una fase de intenso cambio, tanto técnico-organizativo como de filosofía empresarial. Ante este nuevo entorno empresarial es necesario adoptar una actitud estratégica, referida a productos y nuevas tecnologías, pero esencialmente es necesario un cambio de cultura organizacional y de estilos de dirección para lograr un funcionamiento más eficaz.

Los nuevos modos organizativos deben aprovechar todo el potencial y los recursos humanos existentes como clave del éxito. Es en estas circunstancias cuando el concepto de ‘diversidad’ en las organizaciones cobra una gran importancia, ofreciendo la oportunidad de introducir el criterio de ‘diversidad de género’ en los equipos directivos.

Entre los estilos de dirección que imperan en la cultura actual destaca el liderazgo transformacional, que se basa en una mayor atención a los problemas o asuntos clave de la organización y en el establecimiento de una mayor confianza con los miembros del equipo (Bass, 1985; Rosener, 1990). Este estilo de dirección orientado a las personas, se caracteriza por fomentar la participación, compartir poder e información, realzar el valor personal de los demás y motivar. Diversos estudios han demostrado la relación del liderazgo transformacional con la mejora de la eficacia, el clima y la satisfacción laboral (Ramos, 2002).
El estilo de dirección transformacional se asocia con las características del estereotipo femenino. Por todo ello, la incorporación de mujeres a puestos de dirección no se propone sólo como una cuestión democrática o de justicia social, sino que puede ser un beneficio para las organizaciones, debido a que la creación de equipos directivos diversos y el estilo de dirección transformacional es congruente con la complejidad y diversidad que caracteriza al mundo empresarial moderno.

Quiero compartir los resultados obtenido en el estudio de investigación arriba citado, en el que se hacia la comparación de dos empresas, diferentes en cuanto a la composición sexual (diversidad de género) del equipo de alta dirección. El procedimiento en ambas empresas consistió en medir las variables organizacionales de eficacia, clima y satisfacción en los subordinados, a través de cuestionarios, y la valoración de la diversidad, influencia sobre las políticas generales y su efecto en el rendimiento en el personal directivo de ambas empresas, por medio de entrevistas.

Las conclusiones obtenidas fueron (entre otras):

-Al indagar la opinión sobre la diversidad de género, el personal de la muestra reconoce que la diversidad de mujeres y hombres en los equipos de dirección permite compartir diferentes valores, diferentes puntos de vista y diferentes aptitudes que enriquecen al equipo de trabajo, mejorando el clima laboral, la satisfacción y, en definitiva, la eficacia de la empresa.

-En general, se percibe un estilo de dirección diferente entre directivos y directivas en algunos aspectos. Su manera de dirigir, horizontal y centrada en las personas, parece ir en consonancia con el estilo de liderazgo transformacional, más acorde con las demandas organizacionales actuales en las que se potencia el trabajo en equipo y el desarrollo del potencial diverso de las personas.

En definitiva, las propuestas encaminadas a romper el techo de cristal mediante la estrategia de la diversidad de género en los equipos directivos podemos resumirlas en medidas de flexibilización del trabajo, políticas de selección y promoción no discriminatorias, políticas salariales que tengan en cuenta la tarea y los resultados, sistemas de evaluación globales y medidas para la conciliación de la vida familiar y laboral. Todas estas medidas mejoran la calidad de vida y la satisfacción de los trabajadores y trabajadoras, contribuyendo al mejor rendimiento y eficacia de las empresas.

viernes, 22 de febrero de 2013

22 de febrero: día europeo contra la discriminación salarial entre mujeres y hombres


La igualdad en las retribuciones económicas de hombres y mujeres, por la realización de un  mismo trabajo o por un trabajo de igual valor,  constituye un derecho recogido en Art. 28 del Estatuto de los Trabajadores, sin embargo esta desigualdad se sigue dando y es una de las más importantes discriminaciones que sufren las mujeres en el ámbito laboral.


Como cada  22 de febrero se celebra el día Europeo contra la discriminación salarial entre mujeres y hombre,  pero ¿porqué este día?, pues bien, para que el salario medio de una mujer en Europa sea igual al que un hombre recibe durante un año, ésta debe trabajar 418 días. Este número de jornadas laborales excede en 53 días los 365 del año natural, de forma que una mujer tendría que trabajar hasta el 22 de febrero del año siguiente para alcanzar el salario de un hombre.


Es por ello que se tomó esta fecha como día para la reivindicación de la equiparación salarial entre mujeres y hombres con la intención de visibilizar una problemática histórica y real que se sigue perpetuando, pese a que constituya una discriminación penalizada en diferentes normativas, tanto a nivel nacional como internacional.
A nivel internacional existe normativa al respecto desde  el Convenio 100 de la OIT de 1950, pasando por numerosos tratados y directivas hasta llegar a la más reciente del Parlamento Europeo de fecha 12 de diciembre de 2012, donde se aprobó la Resolución sobre la situación de los derechos fundamentales en la Unión Europea. Insta a la UE y a los Estados miembros a que dupliquen sus esfuerzos para conseguir los objetivos del Pacto Europeo por la Igualdad de Género (2011-2020) y a que adopten medidas para tratar la brecha salarial entre hombres y mujeres, la segregación en el trabajo.

Desde las instituciones se sigue trabajando en este sentido y seguimos encontrándonos con estudios y estadísticas que corroboran afirmaciones tales como que “Una mujer tiene que trabajar 82 días más que un hombre para cobrar lo mismo” o que “una mujer puede llegar a cobrar un 41,3% memos que un hombre”, según algunos informes de impacto de género. Leemos en prensa que las mujeres  perciben un salario anual en torno a un 20 % inferior al de los hombres por trabajos iguales o de igual valor,  pero parece haberse interiorizado esta desigualdad como natural en el mercado de trabajo con el consecuente riesgo de no analizar las consecuencias que de ello se derivan.

Nos enfrentamos a una  'brecha' de género que refleja las desigualdades acumuladas a lo largo de toda la vida, y que se agrava conforme se cumplen años, convirtiéndose en una amenaza real para las mujeres de mayor edad. ¿Y esto por qué ocurre?, en los casos en que las mujeres perciben prestación por sus años de trabajo, éstas sueles ser inferiores a las de los hombres, por varios factores: la diferencia salarial presente durante toda su trayectoria profesional, la interrupción o cese de la carrera laboral para cuidar de los hijos (o familiares enfermos o mayores) y una mayor tendencia a desempeñar trabajos de media jornada para poder conciliar.

Como explica la eurodiputada holandesa Ria Oomen-Ruijtenj, “tener un salario más bajo implica tener una prestación por desempleo y una pensión de jubilación más baja”, este efecto perverso supone que las mujeres mayores tienen más probabilidades de enfrentarse a la pobreza: un 22 % de las mujeres de 65 años o más corren el riesgo de caer en la pobreza, frente a sólo un 16 % de los hombres.
El informe publicado por UGT sobre “Diferencias sobre desigualdades salariales” señala muy acertadamente cómo la brecha salarial está produciendo una importante brecha social,  pues las mujeres se encuentran en una posición doblemente desfavorable: ser destinatarias de modalidades de contratación más precarias, y sufrir una penalización en las retribuciones por un trabajo de igual valor que el de un hombre - hasta el 23 por ciento menos-, que va a condicionar toda su trayectoria vital.

Y en todo esto, no hay que perder de vista que acabar con las diferencias de retribución entre mujeres y hombres, es lo justo y contribuye a la creación de una sociedad más igualitaria.

miércoles, 17 de octubre de 2012

EN 2013 LOS PADRES TAMPOCO TENDRÁN LAS CUATRO SEMANAS DE PERMISO DE PATERNIDAD

El Gobierno ha decidido retrasar un año más la ampliación del permiso de paternidad a cuatro semanas y lo ha prometido para 2014, a pesar de que tras ganar las elecciones en noviembre, el Ejecutivo 'popular' se comprometió a poner en marcha esta 'promesa socialista' para el 1 de enero de 2013.

Sin embargo, el proyecto de Presupuestos Generales del Estado (PGE) previsto para 2013 ya recogió una modificación de la Ley de 2009 de ampliación de duración del permiso de paternidad en casos de nacimiento, adopción o acogida, para transformar su redacción y cambiar la fecha de puesta en marcha de 2013 a 2014.

Esta iniciativa que prometió el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero en la Ley de Igualdad de 2007, ha sido pospuesta y modificada en bastantes ocasiones. De hecho, se retrasa un año tras otro desde el 2010, y por falta de disponibilidad presupuestaria para asumir el coste que esta medida supondría.

Ocasiones en las que las 4 semanas de permiso de paternidad han sido aplazadas:

- En 2007: el Gobierno del PSOE accede a las cuatro semanas de paternidad con la condición de que se aplazara su entrada en vigor durante seis años (2013), y a cambio de que todos los partidos retiraran las numerosas enmiendas a la Ley de Igualdad que proponían la duración de 4 semanas.

- En 2009: la Ley 9/2009, a propuesta del Gobierno del PSOE, adelanta la entrada en vigor al 1 de enero de 2011.

- En 2010: el Gobierno del PSOE incluye una disposición en la Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2011 aplazando un año su entrada en vigor (al 1 de enero de 2012).

- En 2011: el Gobierno del PP dicta un Decreto (ratificado en 2012 por el Parlamento) por el que se pospone otro año la entrada en vigor (al 1 de enero de 2013).

- En 2012: la Comisión de Igualdad del Congreso aprueba por unanimidad, a propuesta del PP, la solicitud al Gobierno del PP de que la ampliación entre en vigor el 1 de enero de 2013, ampliación que ya estaba prevista en esa fecha según el decreto del Gobierno del PP de 2011, y por supuesto según la propia Ley de Igualdad ya desde 2007 (parece un trabalenguas pero es la realidad).

- Ahora: el Gobierno del PP incluye una disposición, en la propuesta de Ley de Presupuestos del Estado para 2013, por la que retrasaría la entrada en vigor de las 4 semanas al 1 de enero de 2014.

Os dejo un link a la web PPIINA -Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción-, donde podéis informaros de forma más detallada sobre esta cuestión que sigue esperando una respuesta favorable por parte del Ejecutivo.

domingo, 19 de agosto de 2012

PERSPECTIVA ECONÓMICA


A continuación analizaremos distintos indicadores que nos permitirán conocer la evolución del mercado laboral español, en el periodo 2001-2012, con un especial enfoque en la variable sexo, tanto a nivel de ocupación, paro registrado y población inactiva. Para ello, comenzaremos el análisis a través de los datos que nos muestren la relación actual entre población activa e inactiva, entendiéndose por población activa aquella que se encuentra en el mercado laboral (bien ocupada o en paro) y población inactiva, siendo ésta aquella que no se considera dentro del mercado laboral.
Tres son los principales índices que ofrece en Instituto Nacional de Estadística para una primera toma de contacto con el mercado laboral: la tasa de actividad, tasa de ocupación y tasa de paro. Para una mejor comprensión, adjuntamos las definiciones que se contempla en las notas metodológicas de la EPA para estos conceptos:
Activos: Son aquellas personas de 16 o más años que, durante la semana de referencia (la anterior a aquella en que se realiza la entrevista), suministran mano de obra para la producción de bienes y servicios o están disponibles y en condiciones de incorporarse a dicha producción. Se subdividen en ocupados y parados.
Ocupados: Son las personas de 16 o más años que durante la semana de referencia han estado trabajando durante al menos una hora a cambio de una retribución en dinero o especie o quienes teniendo trabajo han estado temporalmente ausentes del mismo por enfermedad, vacaciones, etcétera.
Los ocupados se subdividen en trabajadores por cuenta propia (empleadores, empresarios sin asalariados y trabajadores independientes) y asalariados (públicos o privados). Atendiendo a la duración de la jornada los ocupados se clasifican en ocupados a tiempo completo (con una jornada habitual semanal superior a 30 horas) y a tiempo parcial (con una jornada habitual semanal inferior a 35 horas).
Parados: Son las personas de 16 o más años que durante la semana de referencia han estado sin trabajo, disponibles para trabajar y buscando activamente empleo. Se considera que una persona busca empleo de forma activa si:
  • Ha estado en contacto con una oficina pública de empleo con el fin de encontrar trabajo.
  • Ha estado en contacto con una oficina privada (oficina de empleo temporal, empresa especializada en contratación, etc.) con el fin de encontrar trabajo.
  • Ha enviado una candidatura directamente a los empleadores.
  • Ha indagado a través de relaciones personales, por mediación de sindicatos, etc.
  • Se ha anunciado o ha respondido a anuncios de periódicos.
  • Ha estudiado ofertas de empleo.
  • Ha participado en una prueba, concurso o entrevista, en el marco de un procedimiento de contratación.
  • Ha estado buscando terrenos o locales.
  • Ha realizado gestiones para obtener permisos, licencias o recursos financieros.
También se consideran parados a las personas que ya han encontrado un trabajo y están a la espera de incorporarse a él, siempre que verifiquen las dos primeras condiciones.
Inactivos: Recibe esta consideración la población de 16 o más años no incluida en las categorías anteriores.
Para los últimos datos disponibles, correspondientes al primer trimestre del año 2012, podemos ver cómo la tasa de actividad para ambos sexos se sitúa en el 59,94%. Un análisis comparativo muestra cómo esta tasa es claramente superior en hombres (66,86%) frente a las mujeres (53,35%). Esto permite afirmar cómo el mercado laboral muestra una mayor presencia de hombres frente a mujeres, quienes muestran una tasa de actividad de más de seis puntos y medio por debajo de la media y de casi catorce puntos frente a la tasa de actividad masculina. Una comparativa histórica nos permitirá comprobar la evolución de este indicador. Si atendemos a los datos del año 2001, comprobaremos cómo la tasa de actividad, en términos generales ha aumentado en este periodo (una tasa de 59,94 en 2012 frente a 53,41 en 2001). Sin embargo, este aumento se relaciona con la incorporación femenina al mercado laboral, dado que mientras la tasa de actividad masculina apenas ha sufrido variación (66,96 en 2012 y 66,53 en 2001), la tasa de actividad femenina ha aumentado más de doce puntos, pasando de ser del 40,96% en 2001 hasta el 53,35% de la actualidad.
Esta evolución puede contrastarse igualmente en el resto de indicadores comentados. Si atendemos a la tasa de ocupación, que ya hace referencia a personas con un empleo, podemos ver cómo en estos años la tasa de ocupación se ha reducido en un 2,45%, siendo esta reducción del número de potenciales ocupados mucho más significativa en los hombres (-10,72%), frente a un aumento de cinco puntos en el caso de las mujeres (5,38%). Pese a esta comparativa, que muestra una mejora en la tasa de ocupación femenina en los últimos años, pese al adverso panorama laboral, la realidad sigue señalando desigualdades en el mercado laboral, dado que la tasa de ocupación para ambos sexos se sitúa en el 45,29%, siendo algo más de cinco puntos menos en el caso de las mujeres (40,09%) y del 50,75% en el caso de los hombres. Estas cifras arrojan un diferencial de 10 puntos frente a la tasa de ocupación masculina y femenina (50,75% masculino frente al 40,09% femenino), aunque muestran una clara evolución, dado que en el año 2001 dicho diferencial era de 26 puntos (61,47% frente a 34,71%).

2012
2001
VARIACIÓN
Ambos sexos
TASA DE ACTIVIDAD
59,94
53,41
6,53
TASA DE OCUPACIÓN
45,29
47,74
-2,45
TASA DE PARO
24,44
10,63
13,81
Mujeres
TASA DE ACTIVIDAD
53,35
40,96
12,39
TASA DE OCUPACIÓN
40,09
34,71
5,38
TASA DE PARO
24,86
15,25
9,61
Hombres
TASA DE ACTIVIDAD
66,86
66,55
0,31
TASA DE OCUPACIÓN
50,75
61,47
-10,72
TASA DE PARO
24,09
7,62
16,47
Fuente: Instituto de la Mujer.

La tercera variable a analizar, la tasa de paro, muestra en cambio tasas similares en cuanto a hombres y mujeres. En el primer trimestre del 2012 la tasa de paro para ambos sexos se situaba en el 24,44 %, siendo del 24,86% para las mujeres y del 24,09% en el caso de los hombres, siendo así el diferencial menos a un punto. Este diferencial, en el año 2001, ascendía a más de 8 puntos, dado que el paro femenino en dicho año se situaba en el 15,25% siendo el paro masculino únicamente del 7,62% (con un 10,63% de tasa de paro para ambos sexos).

Siguiendo con datos relativos a la tasa de paro, analizaremos la distribución de la población en paro según rangos de edad. Para ambos sexos, podemos ver cómo la mayor parte de la población en paro se encuentra en la franja de entre 25 y 44 años, tanto para hombres como para mujeres, con porcentajes muy similares (entre el 51% y 53% en datos de mayo 2012). Respecto al resto de franjas de edad analizadas, vemos cómo los menores de 25 años suponen entre el 10% y 11% de la población desempleada (similar en ambos sexos) como también encontramos porcentajes similares en los mayores de 45 años, con cifras que rondan el 37% de la población. Realizando una comparativa entre los datos de mayo 2012 y mayo 2011, podemos ver que apenas ha habido variaciones en este periodo, encontrando apenas cambios en el aumento del porcentaje de parados mayores de 45 años (tanto en hombres como en mujeres). Sin embargo, si atendemos a un análisis histórico más amplio (2012-2001) podemos ver cómo se ha producido un progresivo aumento del peso de la población parada de mayor edad, pasando del 29% los parados de ambos sexos mayores de 45 años (en 2001) hasta el 37% en mayo de 2012. Este aumento, que únicamente ha sido de tres puntos en el caso de los hombres (37% en 2012 y 34% en 2001), ha sido muy significativo en el caso de las mujeres, aumentando desde el 26% para mayores de 45 años en 2001 hasta el 38% en 2012.
Recordemos cómo, además de tasas de paro superiores en el caso de las mujeres, así como una menor inserción en el mercado laboral (tasas de ocupación inferiores), la tasa de inactividad en las mujeres es superior a la de los hombres. Si deseamos realizar un análisis desglosado de los motivos en los cuáles puede agruparse la población inactiva, podemos encontrar diferencias relevantes entre las medias de ambos sexos y la población femenina. La mayor parte de la población inactiva la encontramos en tres grandes tipologías:
·         Jubilados o prejubilados: 36% en 2012
·         Labores del hogar: 26% en 2012
·         Estudiantes: 17% en 2012
Estos tres grandes grupos son los que históricamente mayor representatividad han tenido, aunque se muestra una mayor importancia en 2012 del colectivo de jubilados, frente al descenso que presentan las personas de ambos sexos dedicadas a las labores del hogar, categoría que se reduce frente a los porcentajes del año 2011.
Sin embargo, si atendemos a al distribución por sexos, veremos cómo existen diferencias muy sustanciales acerca de cómo se distribuye esta población:

% Mujeres
Total
Estudiante
51%
54%
Jubilada o prejubilada
33%
28%
Labores del hogar
92%
99%
Incapacitada para trabajar
56%
46%
Perceptora de pensión distinta de la de jubilación (o prejubilación)
91%
92%
Realizó sin remuneración trabajos sociales, actividades benéficas,...
25%
33%
Otras
33%
31%
Fuente: Instituto de la Mujer.

Podemos ver cómo, mientras existen algunas categorías donde existe una paridad en cuanto al porcentaje de hombres y mujeres (estudiantes: 51% mujeres/49% hombres, incapacitada para trabajar: 56% mujeres/44% hombres), encontramos categorías típicamente femeninas y otras, en cambio, con predominancia de hombres.
Así, las mujeres representan el 92% de las personas inactivas dedicadas a las labores del hogar, así como el 91% de las personas perceptoras de pensión distinta de la jubilación o prejubilación (como podrían ser distintos subsidios no contributivos, es decir, no directamente vinculados con el mercado laboral). Por otro lado, encontramos mayor presencia de hombres en jubilados (67% hombres) o el 75% de hombres que realizaron sin remuneración trabajos sociales o actividades benéficas. 

Finalmente, tras analizar la composición y distribución de la tasa de inactivos, pasaremos a revisar la distribución del mercado laboral en cuanto a la distribución de las mujeres en los distintos sectores productivos. Podemos comprobar cómo la presencia de las mujeres no es equivalente en los distintos sectores productivos contemplados en este análisis.
Aquel sector productivo en el que existe una mayor paridad en cuanto a sexos es sin duda el sector servicios; este sector, que representa el 75% del empleo global, se reparte entre un 54% de ocupación para las mujeres y un 46% en el caso de los hombres. Comparando los datos disponibles del año 2001, podemos ver cómo ha aumentado la tasa de empleo femenino en este sector, pasando del 49% hasta el comentado 54%.
El resto de sectores productivos son mayoritariamente ocupados por hombres, en porcentajes que van desde el 92% en el caso de la construcción, hasta el 75% de la industria y el 74% para la agricultura. En ambos casos apenas se han experimentado cambios en el periodo 2012-2001 analizado.