domingo, 12 de febrero de 2012

REPASANDO...

 Sobre el progreso del Movimiento feminista español existe una cierta unanimidad entre las diferentes autoras;  coinciden en destacar la importancia de determinadas fechas e hitos en los debates y la configuración del movimiento feminista en el Estado Español durante la etapa de la transición democrática.
Se subraya la existencia de dos tipos de feminismo desde los años de la clandestinidad, uno el feminismo político ligado a los partidos de izquierda, otro el feminismo independiente, influenciado por el feminismo europeo y norteamericano, con objetivos diferenciados. No obstante, pese a sus  diversos contrastes,  ambas corrientes están comprometidas con el cambio político aunque con estrategias diversas.
Ya en los años ochenta los organismos de igualdad comienzan a influir en la aparición de nuevas asociaciones de mujeres -y a dar protagonismo a las ya existentes de amas de casa-. Se podría definir como un tiempo de institucionalización del feminismo académico, de la organización de las mujeres en los partidos políticos -especialmente en el PSOE- mientras el feminismo ligado a los partidos extraparlamentarios se hace con el control y la representación del movimiento feminista. -Esta situación  se verá modificada con la llegada al poder del Partido Popular en 1996 y que más adelante expondremos-.
Castells apunta al respecto de los acontecimientos de los años ochenta, que: “con el establecimiento de la democracia en España en 1977, y con la llegada al poder del Partido Socialista en 1982, todos los movimientos feministas autónomos desaparecieron, precisamente debido a su éxito institucional y político.”
Podríamos extraer de estas circunstancias y sus reflexiones, que institucionalmente sólo hay cabida para este tipo de feminismo institucionalizado y aprobado socialmente. Pero este hecho, iba en detrimento del feminismo independiente y se fue forjando una animadversión hacia éste.
Al parecer, desde el feminismo institucional socialista se ignora la existencia de un fuerte feminismo radical, independiente de los Partidos Políticos y que se sitúa, enfrentado al feminismo partidario, parlamentario o extraparlamentario.
Como apuntábamos más arriba, es a partir de 1996 cuando se modifica la situación del feminismo institucionalizado. En el caso del País Valenciano, de 1986 a 1997 y después de las Jornadas de Barcelona a las que asistieron mujeres provenientes de todos los espacios del feminismo, el feminismo está oficialmente muerto y enterrado desde las instancias del poder.
Será a partir de entonces cuando hagan eclosión las asociaciones de mujeres promocionadas por:
  • Organismos de igualdad
  • Los servicios profesionales emergentes: salud, servicios sociales, educación de adultos.
  • Institucionalización de grupos de mujeres.
  • Organizaciones de mujeres vinculadas a Partidos Políticos.
Paralelamente se producirá la reubicación del feminismo independiente y del feminismo político extraparlamentario. Eso será a través de espacios asociativos diferenciados, que transcurrirán paralelamente y sin prestarse atención, excepto en las manifestaciones del 8 de marzo.
En los noventa, se produce  un movimiento amplio de mujeres, buscando lugares de encuentro: en las calles, el 8 de marzo, manifestaciones contra la guerra, seminarios de filosofía, proliferación del desempeño de puestos de poder, la doble jornada: dentro y fuera de casa, los espacios de mujeres, etc. Esto no es más que una proliferación de estrategias, a veces simbólicas, a través de las cuales las mujeres se movilizaban y buscaban la colectividad de sus reivindicaciones, dentro de un contexto político-social en el que habían dejado sin ningún peso al feminismo institucionalizado –mucho menos al feminismo independiente-.
La realidad asociativa de  las  mujeres en la  ciudad de  Valencia, responde a  la complejidad  con la que define Maquieira al movimiento amplio de mujeres, es decir, asociaciones de mujeres que se caracterizan por:
  • La diversidad de sus actividades y de  sus trayectorias ideológicas.
  • Los diferentes objetivos específicos.
  • La diversidad de metodologías y campos de incidencia.
  • La variedad en su ubicación espacial.
  • Los colectivos claramente diferenciados de mujeres.
Testimonio de la funcionaria de la D.G. de la Mujer que se ocupa de la promoción del asociacionismo y  que habla de los diferentes escenarios y contextos  donde surgen asociaciones de mujeres:
“Ha habido momentos en los que han venido a verme 30 ó 40 mujeres que  han pasado por programas de climaterio, que son también una historia bien  bonita, a lo mejor acababan el programa y se venía todo el grupo que había pasado por el programa a que tuviéramos una  reunión para ver cómo  constituían la asociación, pero no los trámites legales, sino la importancia  de asociarse, la importancia de seguir juntas, qué motivaciones tenían,  cómo  podíamos además  canalizar todo eso en una dinámica  que se  mantuviera y que no muriera con el  tiempo y  luego diseñar proyectos
acordes a sus  deseos, necesidades  y posibilidades (…) Hay un elemento más, que es el contacto de algunos grupos de mujeres
espontáneos, que forman parte a lo mejor de alguna asociación de vecinos
con mujeres del movimiento feminista (…)Esa asociación es, junto con San Marcelino que parte de un programa de
educación de adultas, que llevó Carmen Latorre con un programa especial
de, experimental para Graduado Escolar para mujeres (…)


Como vemos, hay una gran disparidad en las asociaciones de mujeres y en el motivo primero que las llevo a asociarse. Ellas mismas, ni se definen como feministas, ni tienen la percepción de que están realizando un acto de “revolución” que hace viente años hubiera sido imposible llevar a cabo y, que con esos actos están cambiando el discurso que ha venido repitiendo el patriarcado desde tiempos inmemoriales.
Pese a esta diversidad entre las distintas asociaciones, Maquieira mantiene que  hay entre ellas “un factor dinamizante y aglutinador  que  responde a un denominador común y que se puede resumir de la siguiente  manera: una serie de necesidades y  demandas a las que las mujeres  quieren dar respuesta. Este factor común de la actividad organizada de las  mujeres refleja implícita o explícitamente un  cuestionamiento de las  relaciones de género vigentes que se  manifiesta a través de tres  ejes  diferenciados pero  que a menudo se solapan:
1)      La reivindicación de identidades negadas.
2)      La necesidad de dar solución a las carencias acumuladas.
3)     La identificación solidaria con las mujeres más desfavorecidas.

Lo que resulta evidente a mi parecer, es que pese a las trabas institucionales a las que se ha visto sujeto el movimiento feminista, ha sabido mantenerse y se ha nutrido de esas redes que han nacido con motivo del calado que han dejado las teorías y reivindicaciones feministas en todas las mujeres –pese a que algunas de esas mujeres no sean conscientes de dicho calado-. El feminismo institucional es absolutamente imprescindible, porque supone la visibilización de todas, sin embardo, no hubiera sido posible y no podría seguir siéndolo sin la aportación del feminismo independiente –que se ve menos, pero que arriesga más-.
A partir de los textos de Teresa Yeves: "recuperando la memoria histórica" y M. Martínez: "movimiento feminista en España".

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