El sistema sexo/género, tanto como
construcción sociocultural como aparato semiótico,
“es un sistema de
representación que confiere significado (identidad, valor, prestigio, posición
en el sistema de parentesco, estatus en la jerarquía social, etc) a los
individuos de una sociedad dada. (….) el género tiene la función (que lo
define) de constituir individuos concretos, es decir, hombres y mujeres”. (De
Lauretis, 2000: 43)
El género para De
Lauretis, es entonces “un complejo de costumbres, asociaciones, percepciones
y disposiciones que nos generan como mujeres [u hombres]” (ibíd: 54) y su
construcción “es al mismo tiempo el producto y el proceso de su
representación” (íbid: 39). El género como sistema de sentido de cada
cultura en sus procesos simbólicos, traduce desigualdades y ayuda a mantener
una estructura de poder y biopolítica –en términos de Foucault- desde el
patriarcado, realzando la imagen del hombre como propietario de la cultura.
Foucault se referirá a este tipo de categorías culturales como tecnologías,
como conjunto de procedimientos, mecanismos y técnicas regulados para el
control de la realidad, desplegados por el poder y que actúan no sólo en lo
simbólico sino en lo físico, es decir, en la propia producción del cuerpo
(Lauretis, 2000). La idea de tecnología foucaultiana se desarrolla al estudiar
la “sociedad disciplinaria” y la forma en que históricamente constituye al
“sujeto-sujetado” y que a partir de “técnicas de poder”, se interesan en
orientarlos y dirigirlos en una dirección continua y permanente (Foucault,
1990). Es en este escenario en el que se ubican las tecnologías del yo que:
“permiten a los individuos
efectuar, por cuenta propia o con la ayuda de otros, cierto número de
operaciones sobre su cuerpo y su alma, pensamientos, conducta o cualquier forma
de ser, obteniendo así una transformación de sí mismos con el fin de alcanzar
cierto estado de felicidad, pureza, sabiduría o inmortalidad” (Foucault, 1990:
48).
De manera análoga a la propuesta foucaultiana, Teresa De
Lauretis (2000) construye el concepto “tecnología del género” para aludir a la
poderosa tecnología de los discursos sociales. En su texto: “La tecnología del género” afirma que, tanto el género como la sexualidad no son
propiedades de los sexos sino que, más bien, son efectos que se producen en los
cuerpos, los comportamientos y las relaciones sociales a consecuencia del
despliegue de una compleja tecnología política. El concepto de “tecnología de
género” es un poderoso elemento en la comprensión de la publicidad como ámbito
de exclusión, discriminación y segregación de género, pues permite entender no
sólo la creación de un sesgo difrenciador entre sexos –presente casi desde su
aparición- y un sistema de significación que define los valores y
características del mundo sexuado, así como la producción material de los cuerpos
mediante prácticas disciplinarias que realzan rasgos particulares y cuya
principal función es representar el género en el seno de la vida social. Los
aportes de Iris Marion Young, Teresa de Lauretis, Michel Foucault y Giulia
Colaizzi pueden ayudar a entender y orientar mejor esta reflexión.
Los arquetipos – que van desde lo corpóreo y permean
el campo de lo político y la participación en el espacio público, la identidad
colectiva, el comportamiento, las normas, los rituales y signos, la victoria, el
triunfo y la razón- han sido construidos por y en el desconocimiento de lo
femenino y se encuentran a través de la historia en continuo cambio y
transformación, como producto de las necesidades y de la socialización que se
gestan en el núcleo y seno de las relaciones de género.
“Como a
Prometeo, a los hombres se les ha atribuido la facultad simbólica de robar el
fuego a los dioses. El guerrero que vence al enemigo, el donjuán que seduce a
las mujeres, el científico que doblega a la naturaleza, el técnico que la
remodela o el homus económico que calcula cuándo ama y cuándo invierte, todos
los arquetipos viriles suelen hacer hincapié en manifestaciones de un poder
humano sobre algo” (Bourdieu, 2000 Citado por Martín, 2011: 87).
La publicidad, reproduce el constructo género desde
prácticas discursivas, normatividades, representaciones, actividades, imágenes,
entre otras, que se materializan y se vuelven
corpóreas a partir de formas de vida, ocupación del espacio, etc. Como
tecnologías del género, historiza los cuerpos, determinan las formas en que su
uso se prescribe, los semiotiza, hace que cada cuerpo signifique lo prescrito
tanto para sí como para los otros, y esa delimitación articula y determina sus
posibilidades. En este contexto, la sexualidad no es física ni biológica, sino
efecto de la estructura de la fantasía: una producción fantasmática de
significantes encarnados, como bien diría De Lauretis (Moreno, 2011).
La publicidad, se convierte en tecnología de género porque
discrimina a las mujeres creando una segregación entre la publicidad dirigida a
los hombres y la dirigida a las mujeres, ya que codifica y establece
actividades y estilos entre hombres y mujeres que terminan por reproducir
representaciones sociales del género que afectan a los individuos respecto de
sus cuerpos, prescribiendo la fuerza como masculinidad y la fragilidad como
feminidad (Moreno, 2011).
Desde el punto de vista performativo –nuevamente en términos
de Butler (2001)-, las imágenes que muestra la publicidad que reproduce los
estereotipos masculinos y femeninos nos revelan una representación artificial,
que ejerce un poder fascinante que transforma a los sujetos y frente al que en
muy pocas veces hay resistencia o censura y donde se termina por identificarse
con esos sujetos –mujeres y hombres- como la imagen deseada. Estos estereotipos
son un ejemplo claro de representaciones que configuran universales concretos a
los que deben adscribirse los sujetos “válidos” para la sociedad y que no hacen
más que, como proceso discursivo y biopolítico, posibilitar la persistencia de
configuraciones hegemónicas. Así probablemente los niños/as están más expuestos
–de forma mediática especialmente- a los mensajes y discursos distintos que se
lanzan para hombres y para mujeres, que irán imitando esperando la aprobación
hacia su comportamiento por parte de sus padres, familiares y amigos dentro de
su contexto más cercano.
Por ello es importante el detenernos a analizar la
forma en que los medios de comunicación representan y construyen modelos de
feminidad o masculinidad en la cultura, el efecto que produce entre niños,
niñas y jóvenes y el contexto en el que se producen estos modelos, las
estéticas, lo económico, el consumismo, etc., y hasta qué punto éstos medios
cambian las representaciones que tenemos de mujeres, hombres y de los/as
otros/as.
No
debemos perder de vista que el discurso publicitario posee una gran fuerza de
persuasión, que influye en la transmisión de valores y creencias, y que por
ello es tan importante erradicar de este lenguaje tan cotidiano los
estereotipos y clichés que promueven las desigualdades socioculturales.

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